El reparto urbano no puede seguir ocupando solo una nota a pie de página en las políticas de movilidad.
Durante décadas, las ciudades se han planificado pensando, sobre todo, en las personas. En hacerlas más habitables, más sostenibles, más accesibles y más saludables. Un objetivo loable, sin duda. Pero, en ese proceso, parece haberse olvidado una evidencia incontestable: las personas también consumen. Y las mercancías no llegan solas.
Mientras los hábitos de compra evolucionan a una velocidad sin precedentes, impulsados por el comercio electrónico, la inmediatez y la proximidad, buena parte de las ciudades españolas continúa regulando la distribución urbana de mercancías como si apenas hubiera cambiado nada. Un reciente estudio de AECOC lo resume con una cifra elocuente: ocho de cada diez ordenanzas municipales todavía no contemplan de forma específica la última milla.
La escasez de zonas de carga y descarga, la falta de homogeneidad en los horarios o la ausencia de una estrategia común terminan trasladándose a una operativa menos eficiente, mayores costes y más congestión. Ignorar la logística no hace desaparecer los camiones o furgonetas. Solo hace más difícil que puedan desarrollar su actividad de forma ordenada.
Nunca se ha hablado tanto de ciudades inteligentes. Sin embargo, todavía son pocas las que consideran la logística como una infraestructura esencial para su funcionamiento. Se planifican carriles bici, zonas verdes, áreas peatonales o Zonas de Bajas Emisiones, pero con demasiada frecuencia se olvida responder una pregunta elemental: ¿cómo llegarán las mercancías hasta los comercios, los hospitales, los restaurantes, los hogares…?
La logística urbana ya no puede contemplarse como un problema asociado al crecimiento del ecommerce. Es una infraestructura esencial de la ciudad. Porque la logística no compite con la calidad de vida; la hace posible.
Ha llegado el momento de planificar la movilidad de las mercancías. El reparto urbano no puede seguir ocupando solo una nota a pie de página en las políticas de movilidad. Las ciudades del futuro no podrán construirse de espaldas al sector. Las mercancías seguirán llegando cada día. La diferencia será decidir si llegan gracias a una planificación inteligente… o a pesar de ella.
