La descarbonización del transporte pesado probablemente será una maratón, no un esprint.
Hay datos demoledores. Y el lanzado recientemente por Anfac pertenece a esta categoría. Según la patronal de fabricantes, al ritmo actual de penetración de vehículos industriales de cero emisiones, los objetivos previstos para el año 2030 no se alcanzarían hasta… 2075.
La pregunta es obligada: ¿hasta qué punto la estrategia europea de descarbonización del transporte pesado está conectada con la realidad operativa y económica del sector? Porque el problema no es discutir si la carretera debe avanzar hacia la descarbonización. Eso nadie lo cuestiona. El problema es pretender transformar en apenas unos años un sector complejo, atomizado y sometido a una enorme presión de costes sin haber construido antes las condiciones necesarias para hacerlo viable.
Las cifras explican bien esa distancia entre el objetivo político y la realidad empresarial. La cuota de penetración de vehículos industriales de cero emisiones apenas alcanza el 1,6 por ciento en 2025. Y en el segmento más crítico -los camiones de más de 16 toneladas- sería necesario multiplicar por quince el ritmo actual de electrificación para cumplir las metas previstas. No se trata de una pequeña desviación. Se trata de una brecha gigantesca entre planificación y mercado.
La paradoja es evidente. Europa exige acelerar la transición mientras el propio ecosistema necesario para sostenerla sigue sin existir a gran escala. La infraestructura de recarga de alta potencia avanza lentamente, los costes de adquisición continúan siendo muy elevados, la autonomía sigue condicionando determinadas operaciones y la rentabilidad de muchas empresas de transporte apenas permite absorber inversiones millonarias.
Y conviene no olvidar que el transporte por carretera es el pilar de la logística en Europa. Mueve cerca del 80 por ciento de las mercancías en la UE.
La descarbonización del transporte pesado probablemente será una maratón, no un esprint. Y quizá el mayor error de Europa haya sido plantearla más desde el calendario político que desde la capacidad real de transformación industrial del sector. Al final, la descarbonización no se acelera fijando fechas, sino creando las condiciones para que las empresas puedan sobrevivir mientras la llevan a cabo.