La dependencia tiene un precio
La mejor política energética será la que permita disponer cuanto antes de alternativas competitivas y suficientemente desarrolladas para reducir esa exposición.
La mejor política energética será la que permita disponer cuanto antes de alternativas competitivas y suficientemente desarrolladas para reducir esa exposición.
Un firme deteriorado significa mayor consumo, averías, retrasos, menor productividad y también menor seguridad.
Durante demasiado tiempo, Europa ha legislado fijando objetivos, obligaciones y calendarios sin garantizar al mismo ritmo las infraestructuras, la tecnología o las condiciones industriales necesarias para cumplirlos.
Los puertos españoles saben bien hasta qué punto las grandes corrientes comerciales pueden modificar el valor de la geografía.
El sector lleva años reaccionando al cambio cuando el cambio ya es obligatorio.
Si una escala se traslada fuera de la UE, el carbono sigue existiendo; solo cambia de lugar.
El reparto urbano no puede seguir ocupando solo una nota a pie de página en las políticas de movilidad.
Un sector que representa uno de los principales pilares de la economía necesita planificación y necesita anticiparse.
El ferrocarril necesita inversiones, infraestructuras y una gestión más ágil.
El verdadero desafío no consiste únicamente en decidir qué tecnología utilizará el transporte del futuro.
Si después de décadas de planificación, inversiones multimillonarias y sucesivos planes de impulso, el ferrocarril sigue sin despegar, quizá ha llegado el momento de preguntarse qué elementos del modelo no están funcionando.
Bruselas pretende reducir emisiones, objetivo que no es discutible, pero corre el riesgo de exportarlas.
Para muchos cargadores, el ferrocarril sigue ofreciendo demasiadas incertidumbres operativas, demasiada rigidez y demasiada dependencia de una infraestructura permanentemente en obras.
El Gobierno debe entender que defender el sector es defender la economía.
La ‘cadena unimodal’, es decir, la carretera, mantiene una cuota del 84,5 por ciento, prácticamente invariable en los últimos años.
La descarbonización del transporte pesado probablemente será una maratón, no un esprint.
Un transporte más verde sobre el papel, pero cada vez más difícil de sostener.
Las cadenas de suministro ya no se miden solo en términos de eficiencia, sino también de resiliencia, seguridad y capacidad de adaptación.
Europa impulsa una agenda ambiciosa de descarbonización, pero no siempre acompaña ese impulso con las herramientas necesarias para que el sector pueda adaptarse al ritmo que se le exige.
Los ‘ecoincentivos’ marítimos necesitan una revisión que vaya más allá de los ajustes técnicos.
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