Editorial  | 

Logística, una prioridad estratégica

Las cadenas de suministro ya no se miden solo en términos de eficiencia, sino también de resiliencia, seguridad y capacidad de adaptación.

Tras el estallido de la pandemia, la logística dejó de ser un elemento invisible de la economía para convertirse en una infraestructura crítica. La sucesión de crisis de los últimos años, con el foco ahora en Oriente Medio, ha puesto de manifiesto hasta qué punto el movimiento de mercancías es esencial para el funcionamiento de cualquier país.

El Día Europeo de la Logística ha llegado este año en un contexto especialmente revelador. Las cadenas de suministro ya no se miden solo en términos de eficiencia, sino también de resiliencia, seguridad y capacidad de adaptación. En un entorno de aranceles crecientes, reconfiguración de rutas comerciales y volatilidad energética, la logística se ha convertido en un factor estratégico de primer orden.

Y en este escenario, España tiene una oportunidad evidente. Su posición geográfica la sitúa como una plataforma natural entre Europa, África y América. Sus puertos canalizan tráficos clave en el Mediterráneo y el Atlántico. Su red de infraestructuras permite articular conexiones terrestres con el continente. Y su tejido empresarial logístico ha demostrado capacidad para operar en mercados complejos y competitivos. Pero la geografía, por sí sola, no convierte a un país en potencia logística. Para dar ese salto, hace falta visión.

España sigue sin contar con una estrategia logística definida como país. La planificación avanza de forma fragmentada, las inversiones no siempre responden a una lógica integrada y la coordinación entre modos de transporte continúa siendo una asignatura pendiente. La intermodalidad, tantas veces invocada, sigue encontrando barreras que limitan su desarrollo real. A ello se suman los déficits conocidos: conexiones ferroviarias insuficientes con los puertos, cuellos de botella en determinados corredores, falta de áreas logísticas bien dimensionadas y una presión regulatoria que, en ocasiones, no facilita la competitividad del sector.

En un mundo donde las cadenas de suministro se están redefiniendo, donde las empresas buscan diversificar riesgos y donde la logística gana peso como factor de competitividad, España puede jugar un papel relevante. Pero para hacerlo necesita algo más que ventajas naturales. Necesita convertir la logística en una prioridad estratégica.