Editorial  | 

El tren no termina de coger velocidad

Para muchos cargadores, el ferrocarril sigue ofreciendo demasiadas incertidumbres operativas, demasiada rigidez y demasiada dependencia de una infraestructura permanentemente en obras.

El ferrocarril continúa su particular viacrucis en España. Parecía que por fin se habían alineado todos los planetas. Nunca se había hablado tanto de descarbonización y corredores multimodales, ni se había invertido tanto dinero público en infraestructuras. Sin embargo, el ferrocarril sigue perdiendo peso en el transporte de mercancías hasta niveles próximos a la irrelevancia.

Los últimos datos del ‘Índice UOTC’, a los que ha tenido acceso Transporte XXI, vuelven a poner negro sobre blanco. Mientras el PIB español ha crecido más de 55 puntos desde comienzos de siglo, el intermodal terrestre nacional cerró 2025 por debajo de su propia base 100 del año 2000, medida en toneladas-kilómetro. Es decir, el transporte intermodal terrestre mueve menos mercancías que hace veinticinco años.

El dato resulta demoledor. Pero más preocupante aún es la tendencia. El deterioro se ha acelerado especialmente en los dos últimos ejercicios, coincidiendo con las obras de modernización de las infraestructuras ferroviarias, que han puesto la red patas arriba, convirtiéndose, además, en la coartada perfecta para explicar esta debacle. Es cierto que las actuaciones sobre las vías están generando importantes afecciones operativas. Cortes, restricciones de capacidad, desvíos y una creciente falta de fiabilidad han terminado penalizando todavía más la competitividad del ferrocarril frente a la carretera. Pero el problema es que el sector ferroviario lleva décadas instalado en una permanente transición hacia un futuro que no llega. Mientras tanto, el mercado sigue tomando decisiones cada día. Y esas decisiones continúan favoreciendo mayoritariamente al camión, que, dicho sea de paso, también está adelantando al tren en el relato de la sostenibilidad.

La mercancía necesita fiabilidad. Y hoy, para muchos cargadores, el ferrocarril sigue ofreciendo demasiadas incertidumbres operativas, demasiada rigidez y demasiada dependencia de una infraestructura permanentemente en obras.

La gran pregunta ya no es cuándo despegará el ferrocarril de mercancías en España, sino cuántos años más puede permitirse seguir sin hacerlo, mientras la economía continúa moviéndose, casi exclusivamente, sobre ruedas.
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