La ‘cadena unimodal’, es decir, la carretera, mantiene una cuota del 84,5 por ciento, prácticamente invariable en los últimos años.
Hace tiempo que se habla de multimodalidad, corredores ferroviarios, descarbonización, sostenibilidad… Bruselas insiste. El Gobierno español también. El ferrocarril concentra más de la mitad de la inversión en infraestructuras. Sin embargo, los datos vuelven a desmontar el relato: la carretera sigue siendo, con enorme diferencia, la columna vertebral. Y no hay cambios a la vista. El último Observatorio del Transporte y la Logística en España deja una fotografía demoledora. La ‘cadena unimodal’, es decir, la carretera, mantiene una cuota del 84,5 por ciento, prácticamente invariable en los últimos años. El resto es para las cadenas multimodales, con fuerte protagonismo del camión en la combinación carretera-marítimo.
La realidad es tozuda. Por mucha estrategia institucional o por muchos mapas de corredores ferroviarios que se dibujen sobre el papel, la economía termina utilizando aquello que funciona con mayor flexibilidad, capilaridad y eficiencia operativa. Y hoy, en España, eso se llama camión.
Precisamente por eso, quizá el debate debería centrarse menos en demonizar al camión y más en hacerlo más eficiente, competitivo y sostenible. Porque mientras el ferrocarril sigue buscando coger velocidad, hay una evidencia incontestable: la economía española se mueve sobre ruedas. Y si el transporte por carretera continúa siendo el modo que sostiene la competitividad del país, tal vez ha llegado el momento de actuar en consecuencia. También en las inversiones. También en el mantenimiento de unas infraestructuras que soportan, cada día, el verdadero peso de la logística nacional.
El problema, hoy por hoy, es seguir diseñando políticas públicas como si el mercado fuera a cambiar por decreto. Mientras se destinan enormes recursos al impulso del tren de mercancías, la red ferroviaria sigue atrapada en una combinación de obras permanentes, limitaciones operativas, falta de capacidad y escasa fiabilidad para muchos cargadores. El resultado es conocido: cuotas ferroviarias marginales y una multimodalidad que avanza mucho más lentamente de lo previsto. Y, paradójicamente, el propio crecimiento de la multimodalidad confirma también el liderazgo del transporte por carretera.