El sector lleva años reaccionando al cambio cuando el cambio ya es obligatorio.
Hay cambios que llegan por sorpresa y otros que anuncian su llegada durante años. La digitalización documental del transporte pertenece claramente al segundo grupo. Sin embargo, a pocas semanas de que el Documento de Control Administrativo pase a gestionarse exclusivamente en formato electrónico, solo una minoría de las empresas asegura sentirse preparada.
El sector lleva años reaccionando al cambio cuando el cambio ya es obligatorio. No se trata de cuestionar la capacidad de adaptación del transporte. Al contrario. Pocas actividades han demostrado tanta resiliencia para responder a situaciones imprevistas. La pandemia, la crisis energética, la inflación o las sucesivas exigencias regulatorias han obligado a las empresas a reinventarse en tiempo récord. El transporte siempre acaba adaptándose. La cuestión es si ha llegado el momento de empezar a anticiparse.
La implantación obligatoria del documento electrónico no debería interpretarse únicamente como una nueva carga administrativa. Sería un error. La digitalización representa una oportunidad para simplificar procesos, reducir errores, mejorar la trazabilidad, agilizar la gestión documental y aumentar la competitividad de las empresas. El problema es que muchas de ellas solo parecen descubrir sus ventajas cuando la cuenta atrás ya ha comenzado. Resulta comprensible que un sector formado mayoritariamente por pymes avance a un ritmo desigual. Los recursos son limitados, el día a día deja poco margen para la planificación y las prioridades suelen venir marcadas por la urgencia. Pero precisamente por eso la anticipación adquiere un valor estratégico. Porque la transformación digital no empieza cuando lo exige una norma. Empieza mucho antes, cuando una empresa decide prepararse para competir en un entorno que ya está cambiando.
La digitalización no constituye un episodio aislado. Antes llegaron el tacógrafo inteligente, las Zonas de Bajas Emisiones, las nuevas exigencias medioambientales… Y vendrán más. La competitividad del futuro dependerá cada vez menos de la capacidad para adaptarse al cambio y cada vez más de la capacidad para anticiparlo. La digitalización no empieza el 5 de octubre. Ese día simplemente termina el tiempo para seguir aplazándola.
