Opinión  | 

La seguridad de Europa comienza en sus puertos

Borja Giménez Larraz. Eurodiputado del PP miembro de la Comisión de Transportes del Parlamento Europeo

Debemos reforzar nuestra competitividad, no perjudicarla.

 

Los puertos son una infraestructura estratégica para Europa. Por ellos transita la mayor parte de nuestro comercio exterior, se garantiza el suministro de bienes esenciales, se impulsa la competitividad de nuestra economía y se refuerza nuestra capacidad de defensa. En un contexto de creciente rivalidad geopolítica, la Unión Europea necesitaba una visión común para proteger estos activos, reforzar su seguridad y asegurar que sigan siendo motores de prosperidad. La Estrategia Portuaria presentada por la Comisión Europea responde a ese desafío y supone un paso adelante.

Los puertos europeos gestionan más del 74% del comercio exterior y sustentan más de 423.000 puestos de trabajo directos, además de dar servicio a 395 millones de pasajeros cada año. Su importancia económica y estratégica es evidente, y por eso la estrategia pone el foco en los riesgos asociados a determinadas inversiones extranjeras. No se trata de cerrar Europa ni de rechazar el capital exterior, sino de evaluar adecuadamente las operaciones que afectan a infraestructuras críticas. La apertura económica nunca puede producirse a costa de nuestra independencia o de nuestra seguridad.

En un entorno geopolítico cada vez más competitivo, es llamativo que durante años se haya permitido que gobiernos extranjeros o empresas vinculadas a ellos adquirieran participaciones en algunos de los puertos más importantes del continente. Esta situación plantea dudas legítimas sobre nuestra seguridad y nuestra capacidad para actuar con autonomía.

Los riesgos son evidentes. Europa es ya uno de los mayores mercados de droga del mundo y la mayor parte entra por vía marítima. De poco sirve endurecer los controles en unos puertos si otros, a escasa distancia, mantienen sistemas menos exigentes. Quienes buscan esquivar la regulación siempre encontrarán el camino más fácil. Por eso es tan importante avanzar hacia una mayor coordinación europea y reforzar los mecanismos de supervisión y protección, tal y como dice la estrategia. Otra buena noticia es que la Comisión haya prestado atención a las fugas de carbono hacia puertos de terceros países. Nadie discute la necesidad de una transición hacía un sector más sostenible para el medio ambiente, pero tiene que ser con medidas realistas y ajustadas a la tecnología disponible. En ocasiones, hemos asumido compromisos regulatorios para los que todavía no existían alternativas suficientemente maduras y son necesarios ajustes que tengan en cuenta la realidad del sector.

Lo cierto es que la competitividad marítima europea se ha visto afectada por el elevado coste de la energía y por marcos regulatorios más laxos en países vecinos, capaces de atraer tráfico marítimo que deja de recalar en la UE. Nuestro país, y también otros como Portugal, Italia, o Grecia, se encuentran en la frontera entre dos continentes con reglas muy distintas. No podemos imponer estándares que nos hagan perder actividad frente a puertos que operan con menores exigencias y costes más reducidos. Por ello, es fundamental acelerar la revisión del sistema de comercio de derechos de emisión y corregir aquellos problemas de aplicación que están generando un riesgo real de desvío de rutas hacia puertos extracomunitarios. Debemos reforzar nuestra competitividad, no perjudicarla. Estamos orgullosos de la contribución de nuestros puertos a Europa y queremos que sigan siendo competitivos.

Eso exige inversiones, modernización y seguridad jurídica, pero también una mayor conciencia estratégica. La experiencia de los últimos años nos ha enseñado que las dependencias excesivas pueden acabar convirtiéndose en una vulnerabilidad. Por eso también es necesario contar con un mecanismo de emergencia que permita actuar con rapidez si una potencia extranjera utiliza su posición sobre infraestructuras críticas para ejercer presión política sobre Europa. Ya aprendimos una dura lección con la dependencia del gas ruso. No podemos permitirnos repetir los mismos errores.

Los puertos son mucho más que centros logísticos: son una pieza esencial de nuestra seguridad, nuestra economía y nuestra autonomía. Son las puertas de Europa. Y, en un mundo cada vez más inestable, conviene asegurarnos de que las llaves siguen estando en nuestras manos.