El verdadero examen llegará en la operativa diaria
El Documento electrónico de Control Administrativo, DeCA, viene para digitalizar el documento utilizado para controlar administrativamente el transporte público de mercancías por carretera. Identifica quién contrata, quién transporta, qué mercancía viaja y entre qué lugares. Desde el 5 de octubre pasado, es obligatorio en los transportes interiores. El papel, después de tantos kilómetros, recibe su merecida jubilación.
La idea tiene sentido y presenta muchas ventajas, reducir documentos extraviados, facilitar las inspecciones y aprovechar mejor la información del transporte. Bien implantado, el DeCA puede mejorar la trazabilidad documental y agilizar la gestión administrativa. Aunque conviene recordar que cambiar un bolígrafo por una pantalla no garantiza, por intervención divina, una empresa más eficiente.
Tampoco basta con fotografiar un formulario y proclamar la transformación digital. Las aplicaciones deben cumplir requisitos de disponibilidad, integridad e inalterabilidad de los datos.
El verdadero examen llegará en la operativa diaria. Pensemos en un autónomo que trabaja para varios cargadores, si cada cliente exige una plataforma distinta y repetir los mismos datos, habremos sustituido una carpeta con papeles por varias aplicaciones distintas. Todo muy moderno pero el tiempo perdido seguirá siendo alto. Aquí aparece el concepto de interoperabilidad (entre plataformas).
Por eso, la implantación de una herramienta DeCA debe priorizar la compatibilidad, una formación sencilla, costes proporcionados y procedimientos claros ante incidencias. También exige repartir responsabilidades entre los distintos actores, cargadores y transportistas de una forma clara, sin convertir al conductor en informático de guardia y chivo expiatorio.
El DeCA ofrece una oportunidad real para mejorar el transporte. Su éxito debe medirse por los errores evitados y las horas ahorradas, además del cumplimiento normativo. Porque digitalizar burocracia resulta relativamente fácil a estas alturas, simplificarla requiere algo más ambicioso, requiere revisar cómo trabajamos, es decir, los procesos. Y eso, curiosamente, todavía no se resuelve descargando otra aplicación, por muy brillante que sea su presentación comercial.
¿Adiós al papel, hola a la eficiencia? Ya veremos.
Juanma Martínez
jmmartinezmourin@gmail.com
