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Astérix y la logística de las personas

La logística no tendrá éxito por ser rápida, barata o automatizada, sino por contar con “los humanos” como eje principal

Los Reyes Magos me han obsequiado con la lectura del último ejemplar de Astérix, de reciente publicación, con sus aventuras en Lusitania. Ello me ha recordado que lo más importante en cualquier ámbito de actividad son las personas: la acreditación, la conexión y especialmente, la colaboración. La nueva sostenibilidad, social también ahora, pone a las personas en el centro de la ecuación logística.  Aunque la automatización avanzada y la inteligencia artificial simulan que el protagonismo recae exclusivamente en la tecnología –error-, cuanto más acelerados son los sistemas logísticos, mayor es la importancia del capital humano. Las personas no solo operan la logística: le dan sentido, la hacen resiliente y permiten que funcione en contextos reales, cambiantes e inciertos.

La logística contemporánea se asemeja, en cierto modo, al Imperio romano que aparece en Astérix en Lusitania: una estructura poderosa, infalible, altamente organizada, confiable y predecible, basada en sólidas normas e infraestructuras. Frente a ella, los pueblos lusitanos representan una lógica diferente, excepcional, sustentada en el conocimiento del entorno, la cooperación y la identidad colectiva. No vencen por fuerza ni por escala, sino por su capacidad de adaptarse, confiar unos en otros y actuar como comunidad. Esta metáfora resulta especialmente útil para comprender la logística del 2026: la verdadera ventaja competitiva reside en equipos humanos capaces de leer la realidad más allá de los datos. Las sociedades moderna corren el riesgo de perder la interpretación del contexto. Una cadena de suministro puede ser extremadamente eficiente y, al mismo tiempo, frágil si las personas que la sostienen no reciben legitimación que de sentido a su labor. Sin resonancia humana, la logística se convierte en un sistema técnicamente perfecto pero vulnerable en su interpretación. El capital humano, en la lógica de Astérix, no se remite sólo a productividad o habilidades técnicas. Trata también de valores relacionales y contextuales. Conductores, planificadores, responsables de almacén, operadores y carretilleros actúan como mediadores entre sistemas digitales abstractos y realidades físicas, sociales y territoriales concretas. Son ellos quienes detectan anomalías, gestionan imprevistos, negocian tensiones, reinterpretan y mantienen la confianza entre los distintos actores de la cadena de suministro.

Como en la aldea irreductible de Astérix, la verdadera “poción mágica” de la logística no es tecnológica sino humana: el equipo. Se encuentra en la confianza, la formación, la autonomía responsable y en la capacidad de aprender colectivamente de los errores no forzados. En un entorno acelerado, sólo estos ingredientes permiten transformar la presión del tiempo en capacidad de respuesta y la complejidad en innovación sostenible.

La logística del 2026 no tendrá éxito únicamente por ser más rápida, barata o automatizada, sino por contar con “los humanos” como eje principal. Frente a la lógica implacable del imperio romano en la búsqueda de la eficiencia máxima, el capital humano de Astérix introduce resonancia, sentido y cooperación. Y es precisamente esta dimensión humana la que convierte la logística en un sistema sostenible, arraigado y funcional. Cuidémoslo.

Jordi Espín

jespin@transprime.es