Opinión  | 

Black Friday

Raimundo Gonzalo. CEO BAOBAB SupplyOps

¿Victoria o colapso logístico? La batalla se libra lejos del clic

Cada año, el Black Friday se reafirma como el momento más crítico del calendario comercial. Según Euromonitor International, este evento sigue siendo el mayor fenómeno de compras a escala global, tanto por volumen de ventas como por impacto en la infraestructura operativa de las empresas. Solo en 2025, las ventas globales superaron los 79.000 millones de dólares, y en mercados como el español ya representa hasta un 25 por ciento del total del comercio electrónico.

Sin embargo, a pesar de su importancia estratégica, muchas organizaciones siguen abordando esta campaña con un enfoque limitado, centrado casi exclusivamente en la oferta comercial y la experiencia digital. Se refuerzan plataformas, se diseñan apps, se lanzan promociones, se multiplica el tráfico web… Pero se deja de lado lo que realmente sostiene la operación: la logística.

Y es ahí donde comienza el riesgo. El punto de inflexión entre un Black Friday exitoso y uno desastroso no está en los clics, sino en lo que ocurre después de cada compra. Lo difícil no es vender más. Lo difícil es entregar más, y hacerlo bien.

La explosión de demanda digital genera una presión sin precedentes sobre la cadena logística. Los consumidores esperan entregas rápidas, completas y sin errores. Esta expectativa se ha normalizado hasta el punto de que no cumplirla equivale a fallar. Y en ese contexto, la última milla no es el único desafío: toda la cadena se ve sometida a estrés simultáneo.

Para responder con eficacia, es imprescindible abordar el proceso de forma integral. Predicción de la demanda: anticipar qué se va a vender, en qué cantidades y dónde. Sin un modelo predictivo sólido, el riesgo de roturas de stock o sobreinventario crece exponencialmente; gestión de inventarios y almacenes: garantizar ubicaciones óptimas, capacidad suficiente y procesos escalables sin sacrificar calidad; transporte intermedio: sincronizar el flujo entre centros logísticos y almacenes es clave para mantener la cadena fluida; entrega de última milla: representa hasta el 50 por ciento del coste total del envío y es el único punto de contacto físico con el cliente. No puede fallar, pero tampoco operar aislado del resto; logística inversa: el “día después” del Black Friday es una prueba en sí misma. Las devoluciones pueden representar hasta el 40 por ciento de lo vendido en ciertas categorías, y su gestión condiciona tanto la rentabilidad como la percepción de marca. El error más común es tratar estos eslabones como procesos independientes. La clave está en orquestar la cadena como un sistema, coordinado en tiempo real y basado en decisiones informadas. ¿Más ventas? Sí, pero sin matar la operación.

Es fácil caer en la trampa del éxito aparente: multiplicar por dos, tres o cuatro las ventas en pocos días puede parecer un logro. Pero si detrás no hay una operación capaz de escalar al mismo ritmo, el resultado será inevitable: centros logísticos saturados; transporte colapsado; retrasos, errores y devoluciones; clientes insatisfechos; costes ocultos disparados. En otras palabras, sin una logística alineada, el Black Friday se convierte en un ejercicio de quemar recursos sin retorno sostenible.

Del enfoque táctico a la inteligencia operativa

La solución no pasa por añadir más personal o más espacio de forma reactiva. Eso es caro, ineficiente y muchas veces inútil. El enfoque que marca la diferencia es el predictivo y cuantitativo, impulsado por modelos de Decision AI.

Esta inteligencia operativa permite: prever escenarios de estrés y preparar la cadena antes de que colapse; dimensionar con precisión recursos críticos (personal, vehículos, capacidad de almacenamiento); simular escenarios alternativos, evaluar impactos y anticipar decisiones; optimizar la logística inversa, con trazabilidad y tiempos de respuesta razonables; orquestar toda la cadena de suministro con una visión integrada, flexible y resiliente.

Transformar decisiones operativas en ventajas competitivas no es ciencia ficción. Es el resultado de aplicar matemáticas avanzadas, algoritmos predictivos y análisis de datos robustos en la toma de decisiones diarias.

De la improvisación a la resiliencia

Lo que distingue a las empresas que superan el Black Friday de aquellas que solo sobreviven es su capacidad de adaptación estructural, no la agresividad de sus descuentos. El reto no está en multiplicar las ventas, sino en multiplicar la eficiencia de forma proporcional. Y eso solo es posible con una cadena logística diseñada para resistir, ajustarse y aprender.

La inteligencia operativa no se limita a resolver problemas: los previene. Permite pasar de la improvisación al control, del coste al valor, del estrés a la ventaja.

Conclusión: decidir mejor, entregar mejor. El Black Friday no es solo una campaña comercial: es una auditoría anual a la madurez logística de las empresas. Aquellas que comprenden que su ventaja competitiva reside en cómo toman decisiones logísticas, no solo en cómo venden, establecen las bases para competir con éxito durante todo el año.

La diferencia entre la muerte y la victoria en el Black Friday moderno no se decide en la pasarela de pagos. Se decide mucho antes, en la calidad de las decisiones que estructuran, sincronizan y optimizan toda la cadena de suministro.