Si después de décadas de planificación, inversiones multimillonarias y sucesivos planes de impulso, el ferrocarril sigue sin despegar, quizá ha llegado el momento de preguntarse qué elementos del modelo no están funcionando.
Los Premios Corredores que impulsa Adif han celebrado su segunda edición consolidándose como un excelente escaparate para dar visibilidad a proyectos, empresas e iniciativas que apuestan por el transporte ferroviario de mercancías. Los galardones reconocen innovación, multimodalidad, sostenibilidad, terminales logísticas, autopistas ferroviarias y nuevas soluciones operativas. Todo ello merece reconocimiento. Porque detrás de cada uno de estos proyectos hay inversión, talento, esfuerzo empresarial y una firme convicción de que el tren puede desempeñar un papel mucho más relevante en la logística.
El problema es que los premios muestran una realidad muy distinta de la que reflejan las estadísticas.
España sigue manteniendo una de las cuotas ferroviarias más bajas de Europa. El tren continúa ocupando una posición marginal en el transporte de mercancías y el objetivo de alcanzar una participación del 10 por ciento en 2030 parece cada vez más lejano. Mientras se suceden las estrategias, las inversiones y los reconocimientos, la realidad es que el ferrocarril sigue sin coger velocidad. El tren sigue siendo la eterna promesa. Nunca ha habido tantos proyectos, ni se ha hablado tanto de multimodalidad, ni se han movilizado tantos recursos públicos. Y, sin embargo, el ferrocarril no logra que esta alineación planetaria se traduzca en una cuota de mercado acorde con las expectativas generadas.
Las obras de modernización y adaptación de la red sirven para explicar parte de la situación. Es evidente que los trabajos sobre los corredores estratégicos generan afecciones operativas, restricciones de capacidad y pérdida de fiabilidad. El sector lo sufre cada día. Pero la cuestión de fondo es otra. Si después de décadas de planificación, inversiones multimillonarias y sucesivos planes de impulso, el ferrocarril sigue sin despegar, quizá ha llegado el momento de preguntarse qué elementos del modelo no están funcionando.
Los Premios del Adif cumplen una función valiosa porque visibilizan ejemplos que demuestran que el tren puede funcionar. Y eso no es poco. Pero el verdadero premio que necesita el sector no es una estatuilla, sino una cuota de mercado capaz de reflejar, por fin, el enorme esfuerzo realizado durante años.
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