Las reservas se han ido a niveles de los 80 y la seguridad energética es una ilusión
Aparte de cinco países que gozan de mi más profundo respeto, aunque irrelevantes, por inteligencia, población y tamaño, como son Suiza, Islandia, Singapur, Groenlandia y Andorra, tan solo hay un país en este planeta donde ha pasado más de un siglo sin que hayan vivido una guerra civil interna, es decir, el de las barras y estrellas. Y mientras organizo líos fuera, los evito en casa y vendo herramientas de las que soy el mayor fabricante. Fisgo en el Este de Europa, arropo a quien me pesa mucho, por el control del parquet, desde Oriente Próximo, tanteo si tengo un buen atraque para los yates y hoteles a menos de noventa millas de casa y para rematar la orla, pienso, amenazo y golpeo a un país que total, se fundó cinco siglos a.c. Y aquí me meto en mi mayor lío, por no tener un plan de negocio previo, ni consejo de administración (porque yo lo valgo), no valoro los riesgos y se bloquea, entre unos y otros, la estrecha vía por donde transcurre el abastecimiento del oro líquido que mueve el mundo, con el permiso del sol, del aire y de la fusión, que está mal vista, aunque el futuro pasa por ella. Todos están liberando reservas, en silencio, a pesar de saber que es apagar el incendio de un bosque con un refresco de cola. El precio se dispara, añadiendo que eso es algo irrelevante, porque por muy alto que esté, si no hay, no hay. Las reservas se han ido a niveles de los 80 y la seguridad energética es una ilusión.
Nadie tiene suficiente de todo en su país, por lo que la cadena de suministro es imprescindible y los precios del transporte, con todo lo que conlleva, acaban en el PVP, por lo que el consumidor final paga más, las cosas suben y los estados recaudan más por aranceles, impuestos y tributos, claro está, hasta que el consumo se desplome hasta el tercer sótano, ¿y entonces qué? Una vez más los que más tienen, más tendrán, y los que menos tienen, menos tendrán. Cuando doy clase a mis alumnos que andan cerca de la treintena ya no me basta con hablarles de mi experiencia y mis conocimientos, sino que debo decirles cuál es el mundo que le estamos dejando. “Detrás de cada gran fortuna hay un delito” (Honoré de Balzac).
Miguel Rocher
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