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Combustibles renovables: ¡Sí se puede!

No se piden milagros, solo dejar de tratar esta palanca como un plan B

Entre quienes se oponen al desarrollo de los combustibles renovables, circula una coartada casi perfecta: “No habrá suficiente combustible renovable, así que ¿para qué impulsarlos?”. Este mantra se repite mientras se traslada al transportista -y a la ciudadanía- la factura de la transición sin ofrecer una vía realista y rápida para recortar las emisiones de CO2 en la flota rodante. Sin embargo, como ocurre con muchos dogmas, carece de base sólida.

Dos publicaciones recientes, muy distintas entre sí, desmontan esta excusa. Por un lado, el informe del WGMM (Grupo de Trabajo sobre Metodologías de Seguimiento del CO2), “Feedstock Availability”, que analiza la disponibilidad de materias primas sostenibles en Europa; por otro, el white paper del Foro Económico Mundial (WEF), “Fuelling the Future”, que examina qué hace falta para acelerar el mercado de combustibles limpios. Ambos coinciden en lo esencial: no hay una pared física que impida el avance, sino un atasco de políticas públicas, cadenas de suministro y financiación.

El WGMM es especialmente contundente: Europa cuenta con un potencial relevante de biomasa sostenible, basado en residuos agrícolas y forestales. El verdadero reto no es que “no exista”, sino movilizarla de forma coste-eficiente y con reglas de certificación claras y predecibles. En otras palabras, el límite no lo pone la naturaleza, sino nuestra capacidad de organizar mercados y cadenas de valor.

El WEF llega a conclusiones similares desde la perspectiva financiera. Proyectos y anuncios hay muchos, pero la mayoría no salen del papel porque los inversores carecen de garantías básicas: reglas estables, demanda asegurada y sistemas de certificación uniformes. Por eso, el informe insiste en herramientas para compensar riesgos, como contratos por diferencia o mandatos basados en resultados, así como en fórmulas de financiación público-privada. No faltan tecnologías; falta un marco que genere confianza y permita construir plantas al ritmo que exige el objetivo climático.

Es importante subrayar que “combustibles renovables” no es un producto único, sino un portafolio. Ahí reside su fuerza. Son soluciones compatibles con el parque actual (mezclas, HVO o biometano, por ejemplo), opciones eficaces para transporte pesado y ligero, y métodos de síntesis que ampliarán la oferta conforme crezca la electricidad renovable disponible. No se piden milagros, solo dejar de tratar esta palanca como un plan B.

Si queremos lograr la neutralidad de emisiones sin sacrificar competitividad, la prioridad es clara: estabilidad regulatoria, certificación transparente, movilización de materias primas y herramientas financieras que conviertan proyectos en plantas operativas. Lo demás es seguir discutiendo el “no se puede” mientras el contador de CO2 y de costes sigue corriendo.

Ramón Valdivia

rvaldivia@astic.net