En logística, el mundo digital y el físico hace tiempo que dejaron de ser independientes
Durante décadas hemos aprendido que una cadena de suministro es tan resistente como su eslabón más débil. Buscábamos ese eslabón en un proveedor crítico, una ruta vulnerable, un puerto congestionado o una materia prima difícil de sustituir. Hoy puede encontrarse en un lugar mucho menos visible, como una contraseña, un servidor o la conexión informática de un proveedor.
La digitalización ha transformado extraordinariamente la logística. Hemos conectado almacenes, vehículos, clientes, proveedores y sistemas para ganar eficiencia, trazabilidad y capacidad de respuesta. Pero esa conectividad tiene una paradoja: cuanto más integrada está nuestra cadena de suministro, mayor puede ser también la superficie expuesta a un ataque. La ciberseguridad deja así de ser una cuestión exclusivamente tecnológica para convertirse en un asunto de continuidad operativa. Porque un ciberataque no solo compromete información. Puede impedir gestionar una flota, preparar pedidos, facturar o comunicarnos con nuestros clientes. En logística, el mundo digital y el físico hace tiempo que dejaron de ser independientes.
El estudio ‘La ciberseguridad en la cadena de suministro. Resiliencia como propiedad colectiva del ecosistema logístico’, elaborado por CEL y ZLC, pone cifras a esta realidad. El 78% de las organizaciones reconoce que un ciberataque a un proveedor crítico afectaría directamente a su operativa. Sin embargo, solo el 43% dispone de una estrategia formal de ciberseguridad para su cadena de suministro y apenas el 39% exige requisitos mínimos de seguridad en sus procesos de aprovisionamiento. Quizá debamos empezar a gestionar la ciberseguridad como hemos aprendido a gestionar otros riesgos de la Supply Chain, identificando criticidades, evaluando escenarios, diversificando cuando sea posible y, sobre todo, preparando la respuesta antes de necesitarla.
Resiliencia no significa impedir que ocurra lo inesperado, sino estar preparados para continuar cuando ocurra, y el próximo cuello de botella quizá no esté en una carretera, un puerto o un almacén, sino detrás de una pantalla.
Ana González
cel@cel-logistica.org
