Editorial  | 

Mujeres al volante, una oportunidad

Los planes de formación subvencionada, los programas específicos de incorporación y las campañas de visibilidad no pueden quedarse en declaraciones cada 8 de marzo.

El transporte por carretera afronta su mayor desafío estructural en décadas: la falta de conductores. Más de 30.000, según fuentes sectoriales. ¡Se dice pronto! Para más inri, la edad media supera ampliamente los 50 años y el relevo generacional no llega al ritmo necesario. Es un problema conocido, repetido y diagnosticado. Lo que no siempre se reconoce es que parte de la solución está infrautilizada.

Las mujeres representan apenas un porcentaje marginal del total de conductores profesionales en España y en Europa. En algunos segmentos, no alcanzan ni el 3 por ciento. En un sector que clama por talento, esa cifra no es solo una estadística: es una señal de ineficiencia estructural. Mientras se debate sobre digitalización, descarbonización o nuevas capacidades de carga, el transporte sigue sin integrar plenamente a la mitad de la población en una de sus funciones esenciales. No se trata de una cuestión simbólica ni de cuotas. Se trata de competitividad.

Las barreras son conocidas: jornadas exigentes, dificultades de conciliación, inseguridad en algunas áreas de descanso, instalaciones poco adaptadas y entornos laborales históricamente masculinizados. Pero ninguna de ellas es insalvable. Lo que falta no es diagnóstico, sino políticas activas y coherentes.

Las empresas tienen responsabilidad. La Administración también. Los planes de formación subvencionada, los programas específicos de incorporación y las campañas de visibilidad no pueden quedarse en declaraciones cada 8 de marzo. Deben traducirse en incentivos reales y marcos que faciliten el acceso.

Porque el debate sobre la falta de conductores no puede limitarse a importar profesionales o flexibilizar requisitos. La primera pregunta debería ser más sencilla: ¿se ha hecho todo lo posible por incorporar a quienes ya están aquí?

El transporte sostiene la economía. Sin camiones no hay abastecimiento, ni industria, ni comercio. Pero sin conductores, tampoco hay transporte. Y si el sector quiere garantizar su continuidad, no puede permitirse prescindir de la mitad del talento disponible.

La brecha de género no es solo una cuestión social. Es una cuestión estratégica. Y sigue siendo una oportunidad pendiente.