Mirar sin ver  | 

Mundial

Un señor con un silbato, o una pluma, decide si los precios y/o los factores que los condicionan son de su acomodo, o no

Calentando en el centro de la oficina y en las mesas periféricas los que van a ir a tratar de enamorar a un cliente, proveedor, agente o administración y en la banda, la última línea de defensa, a sabiendas de que no podemos contar con las partes que tienen la palabra definitiva en las situaciones límite. Sus decisiones están vinculadas a aquellas partes que pueden dejarles más huella material (a repartir) entre los medios económicos que nos rodean y que llevan siglos esforzándose en que muchos dejen de ser relevantes, para que unos pocos, lentamente, lo sean más.

Un señor con un silbato, o una pluma, decide si los precios y/o los factores que los condicionan son de su acomodo, o no. Con decisiones irreversibles, excepto cuando el que está por arriba decide que esa falta no es que no sea merecedora de roja, sino que ni siquiera es falta y que esa empresa puede seguir jugando, porque le interesa que siga en competición, favoreciendo a sus intereses. Claro que son excelentes rivales, repletos de buenos profesionales y mejores personas, siempre y cuando sus resultados sean de grandes teloneros que, nunca se atrevan a hacer sombra “a esos pocos” que, aparentemente, mejor navegan por mar, tierra, aire y camino de hierro. A medida que transcurren los cuatrienios, la globalización intenta demostrar su apertura añadiendo a infieles al credo de un único color y objetivo, como escaparate de imagen para que los viandantes (clientes/aficionados) se convenzan de que el mundo avanza hacia la libertad y que la fagocitosis no es más que una rara palabra que describe a un proceso celular y que no afecta al mundo empresarial. Cuantos más pastores hayan, más ovejas habrán felices, aunque si desparecen las ovejas, desparecerán lo pastores, y quizás consigan ser más felices, libres seguro.

Con absoluta sinceridad, tanta como frustración, no sé si estoy hablando del deporte rey o de la profesión en la que llevo envuelto medio siglo. “La erótica del poder consiste en hacer creer al otro que tu voluntad es su propio deseo” (Jean Baudrillard – Sociólogo francés 1929/2007).

Miguel Rocher

mrocher@operinter.com