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Oriente Medio

La logística en la línea de fuego

El contexto actual consolida el nuevo paradigma de gestión de la cadena de suministro. La eficiencia sólo es posible cuando se construye sobre pilares de resiliencia. La visibilidad, la diversificación de rutas, en combinación con flexibilidad operativa acreditada, son elementos donde la capacidad de adaptación, más que la optimización, se ha revelado como el verdadero factor diferencial para desenvolverse en el nuevo escenario operativo.

Más allá de la revisión de coberturas del seguro, la gestión del riesgo, y los eternos “surcharges” con alto impacto económico, la nueva lógica operativa exige actuar de inmediato bajo el prisma resiliente. Oriente Medio no es una crisis regional, es un choque global con efecto dominó sobre todo el sistema logístico. La adaptación activa es una condición indispensable para funcionar.

La presión continuada sobre los “choke points” de la zona ha reconfigurado las rutas, reduciendo la disponibilidad de flotas marítimas y contrayendo la capacidad global del transporte aéreo en un 20 por ciento. Los tiempos de tránsito han dejado de ser previsibles para ser inciertos. El escenario resultante combina menor capacidad efectiva con una demanda global debilitada, generando desconcierto y desorganización en red.

El sistema logístico se ha vuelto poco fiable. Los sistemas de track & trace, con tramos alimentados por IA predictiva, muestran su ineficacia ante efectos disruptivos no previstos y pueden arrojan datos imprecisos sobre la ubicación y la llegada de las mercancías. La propia IA muestra las costuras de un sistema de transporte que no está plenamente geolocalizado en todos sus tramos y que, además, ha registrado episodios de piratería con flotas fondeadas en zonas inseguras. Es prioritario revisar con especial atención la fiabilidad de la información disponible.

Los costes de transporte terrestre apuntan a un incremento. Se estima una presión elevada e inmediata impulsada por mecanismos de ajustes de coste de combustible. La combinación de menor capacidad, mayor coste y menor previsibilidad genera un sistema menos eficiente y más volátil.

Además, el contexto geopolítico incrementa la inteligencia de la actividad militar en Europa y la posible reserva de zonas industriales para defensa. Ello puede derivar en menor disponibilidad de espacios logísticos, tensionando aún más el sistema. La competencia por recursos logísticos -infraestructuras, capacidad y energía- añade una nueva capa de complejidad al entorno operativo.

La crisis en Oriente Medio no se debe observar como un evento local. Su impacto sobre los puntos logísticos críticos y su capacidad de generar disrupciones en cascada la han convertido en un fenómeno global. Las cadenas de suministro han entrado en una nueva fase donde la tensión sistémica y la inestabilidad forman parte del sistema que, sin estar afinado con precisión, se vuelve -sin mostrarlo en apariencia- desconcertante y desorganizado.

Con este escenario, debemos coordinar las mercancías y su logística funcional desde su base más operacional para que éstas fluyan con prioridad activada por parte de todos los agentes implicados. La logística ya no es el soporte al comercio es, en su condición de posibilidad, la nueva y auténtica infraestructura del poder.

Jordi Espín

jespin@transprime.es