Mirar sin ver  | 

Siempre ahora

El último trimestre nos lleva a mantener, en el mejor de los casos, los resultados de los tres anteriores

Uno de mis tres bares favoritos en el mundo está ubicado en la isla de Hong Kong y atiende al nombre de “The time is always now”. Las paredes están decoradas con relojes que caminan hacia atrás, porque los que allí van a por tragos, buena música y paz, no queriendo que el tiempo avance, prefieren que se detenga y siempre sea ese momento. De igual forma sucede cuando se acaban las vacaciones y los buenos momentos que pasamos, aunque los meses estivales son muy relevantes para la profesión de la logística internacional, habida cuenta de toda la mercancía que debe venderse en invierno y en la fiestas navideñas, se exporta desde unos países a otros donde se importa, siendo cada origen el que vende lo que mejor se le da fabricar, llegando final de septiembre, donde “el pescado está todo vendido”, es decir, que la carga se reduce sensiblemente por la vía marítima y los fletes se desploman, las salidas se cancelan, posponen o transbordan.

Bonita forma de que suceda, aunque sea por la ley de la oferta y la demanda. Aparecen zarpazos de repunte de la carga aérea, que no es más que un subproducto del pasaje, y vive de errores. De los errores de planificación, calidad, planificación, marketing o gestión comercial, porque nadie quiere pagar la diferencia, aproximada de nueve a uno, entre el mar y el aire. Lo bien cierto es que el último trimestre de cada año nos lleva a mantener, en el mejor de los casos, los resultados de los tres anteriores. Todos los negocios quisieran tener estacionalidad anual y vivir sin sobresaltos durante todo el ejercicio, solo que no existe, o al menos no conozco, ninguno que lo consiga. Lo que pasa entre los “locos” que controlan el mundo que nos rodea, no ayuda especialmente, a tener claridad en el futuro, por lo que el pasivo de la banca se esfuma, es decir los ciudadanos no ahorran unos, y no pueden la mayoría. Quizás la demencia mencionada pretende que esto acabe y a todos del pecho flores carmesí nos broten sin cesar, como reza la canción. “Dábale arroz a la zorra el abad” (La vida es un palíndromo).

Miguel Rocher

mrocher@operinter.com