Revolera  | 

Transportistas y cargadores

Una relación en proceso de maduración

En mis años de trayectoria en ASTIC, he sido testigo de un cambio de rumbo en la relación entre cargadores y transportistas.

Aún persisten, es cierto, inercias del pasado: empresas que siguen operando con mapas obsoletos y continúan considerando al transporte una simple commodity, un coste inevitable que se adjudica al precio más bajo y se reemplaza sin miramientos en la siguiente ocasión.

Esa visión ha dejado huella al alimentar relaciones impersonales, enfrentamientos, contratos de corto alcance y, en demasiados casos, ha obligado a no mirar más allá de la mera supervivencia y a una deriva difícilmente sostenible: el transportista ha terminado asumiendo, de facto y sin buscarlo, el papel de financiador de la cadena de suministro.

Es éste un sector de márgenes exiguos, la acumulación de morosidad y hasta un solo impago bastan para volatilizar el beneficio de todo un mes. Y, aunque la normativa fija límites claros, aún hoy existen demasiados casos en que el plazo medio real de pago supera el límite legal.

A raíz del vertiginoso encarecimiento del gasoil también hemos visto cómo algunas empresas cargadoras se han resistido a la aplicación de la cláusula de revisión del precio del combustible. Una práctica que espero se irá corrigiendo tras la entrada en vigor, el pasado 16 de abril, del Real Decreto-ley aprobado por el Gobierno para reforzar precisamente su cumplimiento, al convertirla en obligatoria y automática.

Sin embargo, como decía, he visto evolución positiva en este mercado; comienzan a vislumbrarse señales de cambio.

Si no por pura convicción, sí por necesidad: La escasez de conductores, la creciente complejidad regulatoria y el hecho de que hay más demanda de carga que camiones disponibles están forzando una reevaluación profunda.

Cuando el transporte deja de ser tratado como un gasto y empieza a entenderse como un socio estratégico, los resultados mejoran. Y lo hacen para todos.

La diferencia es tangible. Cuando cargador y transportista trabajan con información fiable y procesos bien diseñados, se tiende a reducir las incidencias, a mejorar la puntualidad, es decir, a una reducción real de costes que no siempre aparece en la hoja de cálculo.

Creo que se está avanzando en esa dirección, hacia una relación más profunda, basada en diálogo bussines to bussines, donde se analicen cuellos de botella, picos de demanda e ineficiencias estructurales y no simples comparaciones de tarifas.

Un partenariado bien diseñado no supone pagar más, sino distribuir mejor el valor a través de reglas claras, objetivos compartidos y mecanismos que impulsen la mejora continua.

Quizá peco de optimista, pero creo que este cambio es también cultural por ambas partes: el transporte debe evolucionar hacia soluciones integradas basadas en tecnología y profesionalización, y el cargador debe entender que el coste real abarca todo el impacto en la cadena de suministro, no solo el trayecto, sino el servicio y la experiencia final, asumiendo el transporte como un sistema estratégico que genera valor.

Ramón Valdivia

rvaldivia@astic.net