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‘Up-skilling’

No podemos olvidar que el principal recurso de una empresa son sus profesionales y la formación continua debe ser una prioridad, no solo para adaptarnos con rapidez a los cambios del entorno, sino para anticiparnos y aprender más rápido que nuestros competidores

Ante el aumento de la incertidumbre generada a partir de la pandemia, las empresas y organizaciones hemos tenido que emplear todos los recursos posibles para adaptarnos a una nueva realidad. Un entorno de mayor volatilidad en la demanda, con limitaciones globales de suministro que afectan el reaprovisionamiento de materiales y materias primas para la producción. A ello hay que sumarle la cascada de sucesos impredecibles que han resultado en restricciones de contenedores y transporte marítimo. Estas variables impactan diariamente la gestión de las cadenas de suministro, y ante los retos que se nos presentan tenemos que desarrollar nuevas herramientas para su optimización. La tecnología es un recurso clave para ser productivos y competitivos, pero al final de todo son las personas las que hacen posible que cada día los productos lleguen a los consumidores.

No podemos olvidar que el principal recurso de una empresa son sus profesionales y la formación continua debe ser una prioridad, no solo para adaptarnos con rapidez a los cambios del entorno, sino para anticiparnos y aprender más rápido que nuestros competidores En tiempo récord fuimos capaces de trabajar en remoto y usar nuevas herramientas de gestión, poniendo de relieve la importancia de la transformación digital y el desarrollo de nuevas habilidades.

Para responder a estos retos es necesario abordar una transformación en nuestro sistema educativo (hoy apenas hay universidades en España que ofrezcan grados con especialización en Logística, Transporte o Gestión de Redes de Suministro). La oferta de programas de formación profesional, de especialización y de posgrado debe adaptarse para crear competencias a la velocidad a la que cambia el entorno. También desde la administración debe agilizarse el sistema de ayudas a la formación, simplificando burocracia y reconociendo nuevas formas de aprendizaje. La formación tiene que seguir evolucionando en paralelo a las organizaciones y a la demanda de profesionales. El aprendizaje continuo, la flexibilidad y la adquisición de competencias digitales serán elementos diferenciadores para alcanzar la productividad necesaria.

Es también labor de cada individuo contribuir a fomentar esta cultura del aprendizaje, adoptar nuevas habilidades y elevar su conocimiento. El término anglosajón “up-skilling” recoge bien este concepto. Hagamos del aprendizaje continuo una prioridad para el crecimiento personal y la competitividad.

Ana González

cel@cel-logistica.org